martes, 23 de octubre de 2012

Yo quiero un Totoro. Dibujos animados japoneses.


Hace muchos años vi esta película japonesa de animé (la versión manga en animación japonesa) y quedé totalmente enamorada. La he vuelto a ver varias veces y estoy esperando un poco para verla con Martín y que empiece a apreciarla.

Totoro es la entrada al mundo occidental del animé japonés más poético. Como dije en otro post, los japoneses trabajan mucho en su literatura más tradicional la relación con la naturaleza, y esto para los occidentales se traduce hoy, o así parece, en la ecología...
Sin embargo, dejando ironías de lado, Totoro ha dado la vuelta al mundo en varios idiomas y ha iniciado la saga de Miyasaki en estos otros mundos, siguiendo con La princesa Mononoke, el castillo encantado, El viaje de Chihiro y la reciente Ponio.


Si bien todas son increíblemente lgnoradas y alucinantes, nada se compara a Totoro.


Totoro representa el amigo imaginario de los chicos, pero viviendo en un j
ardín cercano, ¿es tan imaginario? La relación establecida entre Mei, su hermana y Totoro cuenta no solamente los temores de los chicos (frente a situaciones complicadas de los adultos, vean la película, no se las voy a contar yo) sino también la facilidad con que éstos se vinculan al mundo más natural, de árboles y animales.

Me alucinaba ayer ver cómo mi hijo no pierde oportunidad de saludar a todos los árboles del parque, y recordaba a Totoro.

Existe una gran merchandising en Japón que llega escaso a otros lugares, y cómo lo lamento...! Yo tendría un muñeco grande de Totoro como el de la tienda que está cerca de la Place Jourdan aquí en Bruselas dedicada a pequeñas cosas japonesas... 

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