Hace varios años que terminé mi
terapia o lo que se conoce como psicoanálisis o psicoterapia. Me ayudó a
superar trabas y a seguir, y ser un poco la persona que soy hoy. Sin embargo,
la maternidad como proceso y acontecimiento extremadamente fuerte, o al menos así
lo fue para mí, hace que sienta en falta una que otra sesión.
Por eso tenía ganas de hacerle
esta carta al que fue mi psicólogo, un poco para contarle tantas cosas y otro
poco para compartirlas con lectores o lectoras que atraviesen, tal vez, experiencias
similares. A veces creemos que las cosas nos pasan sólo a nosotros y resulta
que somos super ordinarios, es decir, le sucede lo mismo a miles de personas…
Querido C,
¿cómo andás? Hay tantas cosas que me gustaría contarte que
han pasado en este tiempo que no hablamos, pero de todo lo más importante es
que soy mamá de un gran bebé de 5 meses.
Los franceses tienen una palabra
que me gusta, para expresar un poco lo que sentí y todavía siento, “bouleversant”, eso es la maternidad
entre otras cosas. Gracioso es que en algunos diccionarios traduzcan esta
palabra como “trastorno o trastornante” (¡) pero el sentido o el momento en que
se utiliza es más bien cuando algo te revoluciona tanto, tanto, los sentidos y
los sentimientos que algo cambia en vos, sin saber cómo. Como cuando la gente
te dice que algo le provocó piel de gallina, o se les sube el corazón a la
garganta (¡) o cuando algo te sacude tanto como una milanesa de doble
rebozado, paf, al huevo, paf al pan rallado, paf otra vez al huevo y paf! otra
vez al pan rallado. Estar bouleversée
es algo así y más!
Ser mamá bouleversó mi vida, sí. Me acuerdo que estar embarazada, si bien es
un estado raro, también diferente del normal, no me sacudió tanto
emocionalmente.
Cuando nació Martín, todo ocurrió
en la noche, y tengo ese recuerdo de estar ya en la habitación a solas con él,
a mi lado en su cunita, y yo sin poder dejar de tomarlo en mis brazos. Es algo
tan raro, tan increíble y tan fuerte emocionalmente que apenas te das cuenta
que estás aún medio anestesiada y con una zonda!
Me acuerdo que por las noches no
dormía (gran error, después lo pagaría muy caro) por mirarlo, por escucharlo
respirar. Hacía ruiditos graciosos, y yo le contestaba desde mi cama
imitándolo.
El bouleversement continuó, y después vinieron las culpas (que la
leche materna o el biberón por ejemplo), los desvelos , y otra vez esos
momentos mágicos de verlo dormir o de tocar sus piecitos al cambiarlo, o
espiarlo en el espejo y ver que él también nos mira.
Es increíble como tu día está
lleno de pequeños detalles, y al mismo tiempo parece que vivieras en la
película con Bill Murray “El día de la marmota”, (“Hechizo del tiempo” o
Groundhog day”) todos los días te parecen iguales…
Pero ahora, no sé por qué, que bebé empieza a crecer , me
retrotraigo mucho a mi propia infancia. De pronto me vienen a la cabeza cosas
que hacía años que no pensaba o recordaba, como el otro día que me acordé que
mi abuela usaba “Cremor Tártaro” para los glaceados de sus tortas. Pero sobre
todo me pasa de acordarme de mis viejos, de jóvenes y de pensarlos así, y
pensar en buenos momentos, como las vacaciones en el mar, o cuando me tocaba ir
a que me compren zapatos (y los ponía luego al pie de la cama y por las noches
los miraba).
Eso y también los malos momentos,
las discusiones con mis viejos, las heridas emocionales que entendí ya de
grande, y no puedo parar de pensar ¿es posible que repitamos los mismos errores
de nuestros padres? ¿cómo hacer para tener una alarma y cuando esto esté por
ocurrir que suene y evitarlo? No quisiera tratar a mi hijo en un montón de
formas que no son buenos recuerdos, pero sí como los buenos. Pienso, ¿dónde
está el límite? ¿dónde, y cómo fue que todo se empezó a joder en mi familia,
que no hubo más vacaciones en la playa por decir algo? Me aterroriza ese
camino. Miro a mi compañero de ruta y me asusta pensar que nos pueda pasar algo
parecido, de perdernos, de joderlo todo, y joder a Martín. Recuerdo que
hablamos una vez de esto en la terapia, y me dijiste que no, que por ejemplo,
así como es difícil que repitamos los mismos errores si pensamos el lema de la
vaca (“el que se quema con leche ve una vaca y llora”) no podría repetir las
mismas digamos, cagadas, de nuestros padres.
Me gustaría pensar así, pero también debe ser el mismo bouleversement que me impide ver a veces
con distancia ciertas cosas. De todas formas intento comprender un poco más mi
pasado y construir mejor mi presente, creo que intento pensar cosas que me
ayudaron ahora que no tengo sesión por semana y molesto un poco más al público.
(La imagen de arriba es del ilustrador Charley Harper, la elegí porque, como muchas de sus cosas, transmiten mucho amor con pocas líneas... )
