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jueves, 5 de mayo de 2011

Carta a mi antiguo analista





Hace varios años que terminé mi terapia o lo que se conoce como psicoanálisis o psicoterapia. Me ayudó a superar trabas y a seguir, y ser un poco la persona que soy hoy. Sin embargo, la maternidad como proceso y acontecimiento extremadamente fuerte, o al menos así lo fue para mí, hace que sienta en falta una que otra sesión.
Por eso tenía ganas de hacerle esta carta al que fue mi psicólogo, un poco para contarle tantas cosas y otro poco para compartirlas con lectores o lectoras que atraviesen, tal vez, experiencias similares. A veces creemos que las cosas nos pasan sólo a nosotros y resulta que somos super ordinarios, es decir, le sucede lo mismo a miles de personas…

Querido C,
¿cómo andás? Hay tantas cosas que me gustaría contarte que han pasado en este tiempo que no hablamos, pero de todo lo más importante es que soy mamá de un gran bebé de 5 meses.
Los franceses tienen una palabra que me gusta, para expresar un poco lo que sentí y todavía siento, “bouleversant”, eso es la maternidad entre otras cosas. Gracioso es que en algunos diccionarios traduzcan esta palabra como “trastorno o trastornante” (¡) pero el sentido o el momento en que se utiliza es más bien cuando algo te revoluciona tanto, tanto, los sentidos y los sentimientos que algo cambia en vos, sin saber cómo. Como cuando la gente te dice que algo le provocó piel de gallina, o se les sube el corazón a la garganta (¡) o cuando algo te sacude tanto como una milanesa de doble rebozado, paf, al huevo, paf al pan rallado, paf otra vez al huevo y paf! otra vez al pan rallado. Estar bouleversée es algo así y más!

Ser mamá bouleversó mi vida, sí. Me acuerdo que estar embarazada, si bien es un estado raro, también diferente del normal, no me sacudió tanto emocionalmente.
Cuando nació Martín, todo ocurrió en la noche, y tengo ese recuerdo de estar ya en la habitación a solas con él, a mi lado en su cunita, y yo sin poder dejar de tomarlo en mis brazos. Es algo tan raro, tan increíble y tan fuerte emocionalmente que apenas te das cuenta que estás aún medio anestesiada y con una zonda!
Me acuerdo que por las noches no dormía (gran error, después lo pagaría muy caro) por mirarlo, por escucharlo respirar. Hacía ruiditos graciosos, y yo le contestaba desde mi cama imitándolo.

El bouleversement continuó, y después vinieron las culpas (que la leche materna o el biberón por ejemplo), los desvelos , y otra vez esos momentos mágicos de verlo dormir o de tocar sus piecitos al cambiarlo, o espiarlo en el espejo y ver que él también nos mira.
Es increíble como tu día está lleno de pequeños detalles, y al mismo tiempo parece que vivieras en la película con Bill Murray “El día de la marmota”, (“Hechizo del tiempo” o Groundhog day”) todos los días te parecen iguales…
Pero ahora, no sé por qué, que bebé empieza a crecer , me retrotraigo mucho a mi propia infancia. De pronto me vienen a la cabeza cosas que hacía años que no pensaba o recordaba, como el otro día que me acordé que mi abuela usaba “Cremor Tártaro” para los glaceados de sus tortas. Pero sobre todo me pasa de acordarme de mis viejos, de jóvenes y de pensarlos así, y pensar en buenos momentos, como las vacaciones en el mar, o cuando me tocaba ir a que me compren zapatos (y los ponía luego al pie de la cama y por las noches los miraba).
Eso y también los malos momentos, las discusiones con mis viejos, las heridas emocionales que entendí ya de grande, y no puedo parar de pensar ¿es posible que repitamos los mismos errores de nuestros padres? ¿cómo hacer para tener una alarma y cuando esto esté por ocurrir que suene y evitarlo? No quisiera tratar a mi hijo en un montón de formas que no son buenos recuerdos, pero sí como los buenos. Pienso, ¿dónde está el límite? ¿dónde, y cómo fue que todo se empezó a joder en mi familia, que no hubo más vacaciones en la playa por decir algo? Me aterroriza ese camino. Miro a mi compañero de ruta y me asusta pensar que nos pueda pasar algo parecido, de perdernos, de joderlo todo, y joder a Martín. Recuerdo que hablamos una vez de esto en la terapia, y me dijiste que no, que por ejemplo, así como es difícil que repitamos los mismos errores si pensamos el lema de la vaca (“el que se quema con leche ve una vaca y llora”) no podría repetir las mismas digamos, cagadas, de nuestros padres.
Me gustaría pensar así, pero también debe ser el mismo bouleversement que me impide ver a veces con distancia ciertas cosas. De todas formas intento comprender un poco más mi pasado y construir mejor mi presente, creo que intento pensar cosas que me ayudaron ahora que no tengo sesión por semana y molesto un poco más al público.



(La imagen de arriba es del ilustrador Charley Harper, la elegí porque, como muchas de sus cosas, transmiten mucho amor con pocas líneas... )